Presión social

Erlendil

Novato
Fernando vació el vaso de wiski. Él no reparaba en la música o el barullo de la gente del bar. Solo quería beber más y más. Pero no tenía tanto dinero porque era desempleado y la estaba pasando mal.
Muchos pasaban a su lado y no lo reconocían. Tenía un aspecto descuidado; la barba larga y canosa. El pelo despeinado y la ropa deplorable.
Fernando regresó a su casa, tambaleándose un poco. Su esposa lo esperaba con ansias y preocupación. La pasión había muerto. Ella lo quería, pero Fernando estaba sobrevalorando lo negativo de las circunstancias que le tocó vivir desde que perdió el empleo.
—Otra vez estuviste bebiendo.
—Dejáme en paz, mujer. Tengo derecho a estar mal, ¿no? ¿O tenés el monopolio del sufrimiento?
—Pero te estás haciendo daño, amor.
—¿Amor? —repitió—. Tengo hambre quiero comer.
—Hubieras llegado más temprano —le dijo Andrea en tono de despecho. Ella se esforzó en tener un plato listo para su marido y este no lo valoraba y ahora venía con exigencias, después de haber estado bebiendo cómo lo hizo toda la semana. Su esposa no era empleada pero hacía algunas changas con lo que traía algo de dinero, dinero que su esposo le quitaba para beber.
Fernando sintió una falta de respeto que hirió su orgullo y agarró a su esposa por el brazo. Ambos empezaron a discutir, él la empujó, ella le devolvió el empujón y el hombre la abofeteó.
Un silencio sepulcral los invadió a ambos. Andrea no reconocía al hombre del cual se enamoró y Fernando, aunque intentó disimularlo, estaba muy consciente de lo que acababa de hacer. Se fue a dormir, dejando a su esposa tirada.
—¿Mami estás bien?
La pobre niña se había despertado por los gritos. Estaba abrazando a un osito de peluche y la luz le obligaba a entrecerrar los ojos.
—Estoy bien —dijo Andrea rápidamente, secándose las lágrimas y poniéndose de pie. La acompañó a la cama.
Esa fue la primera de muchas discusiones fuertes y violentas. Fernando era señalado por la sociedad. Un hombre que no podía llevar el sustento a su casa; que su mujer hacia todo, incluso traer el dinero. Él no podía cumplir con su rol de padre y al sentirse tan poca cosa, quería olvidar los problemas y lo hacía gracias al alcohol.
Era un hombre formado con valores conservadores. El hombre era el que tenía que trabajar y mantener a su familia, de lo contrario no sería un hombre. El dinero rompió el cariño a su esposa.
Al sentirse poco hombre en una de sus noches de bebida y juego, con una de deudas. Llegó violento a su casa y tuvo una discusión. Andrea terminó en el hospital con fracturas, por lo que tuvo que intervenir el Estado.
 
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