Furia Spetnaz

Erlendil

Novato
En su rostro se marca la furia que contiene en su interior. El odio y la frustración son los conductos por el que se mantiene en alerta y así sobrevivir al violento mundo del cual es parte. Aprieta los dientes a la par que presiona con el brazo izquierdo en el cuerpo del hombre, presionado contra la pared. Con su mano diestra ejerce presión sobre el cuello. Exige saber dónde está su mujer, pero el mafioso se niega a hablar esforzándose por respirar. Las manos de ex soldado se marcan en el cuello del malviviente. Afloja y le golpea dos veces con el puño, destrozando su mandíbula, haciéndole escupir sangre. Lo toma de los hombros y le golpea la cabeza contra la pared y le vuelve a dar tres trompadas, con la última cae al suelo. El hombre le da una patada en el estómago.

La ira contenida se liberó por completo. El mafioso debería estar muerto, pero necesita saber dónde está su esposa. El ex Spetnaz es una maquina letal para sus enemigos.
Lo levanta violentamente y lo presiona con el ante brazo, le vuelve a preguntar dónde está, saca el cuchillo y le apuñala el hombro varias veces. El hombre está bañado en su propia sangre. Su rostro está desfigurado debido a los golpes que recibió con extremo salvajismo. Finalmente, reveló una dirección al sentir la húmeda hoja del cuchillo en su cuello. El Spetnaz le agradece y lo degüella.

La fiesta comienza cuando incrusta el vehículo violentamente contra el almacén sorprendiendo a los mafiosos. Se baja rápidamente y dispara su escopeta. Dos guardias son aturdidos por el impacto y la polvareda. Otros dos corren por la pasarela elevada y también mueren. El ex soldado suelta la escopeta y agarra la Uzi. Le lanzan una granada, él la devuelve y explota matando a otros.

La adrenalina lo mantiene en un estado de alerta y salvajismo que disparaba a cualquier cosa que se mueva. Un grupo de hombres intenta contenerlo; abren fuego con pistolas de diferentes calibres y ametralladoras, pero el ex soldado no se detiene con nada. Cuando se queda sin munición, agarra otra arma y continúa disparando.

Había cruzado la línea delgada que hay entre defesa propia y asesinato, pero detrás de ese hombre transformado en una bestia asesina está el fuerte deseo de rescatar a la mujer que ama: la persona que fue secuestrada, arrancada de sus brazos, por la que está dispuesto a dar la vida.

El disparo en el hombro no lo había sentido debido a la adrenalina, sus gritos infunden de miedo a los mafiosos. El silencio se hace presente. Levanta la ametralladora y cruza la última puerta. El viejo carroña está de pie apuntando a la sien de Anushka. Ella está amarrada a una silla. La mordaza ahoga los sollozos de la asustada mujer. Su cabello enmarañado y el desaliño evidencian el maltrato de los últimos días que estuvo en cautiverio. El jefe le obliga soltar el arma y el hombre obedece. El mafioso le apunta y le dispara. El soldado rueda dos veces, tomá una revolver escondido y le dispara dos veces, lo que impacta en la cabeza salpicando sangre. Por unos segundos mira al hombre comprobando que no se levante, al mirar a su mujer sus ojos se cristalizan, deja caer el arma y la desata con un cuchillo. Se abrazan. Siente como el alma le vuelve al cuerpo. La bestia desaparece y vuelve a ser contenida. Temía que la hubiesen matado porque ella es su razón de existir. Se emociona demostrando esa humanidad que había desaparecido hace unos días. Ella es la luz que ilumina su propia oscuridad. Escucha un sonido. Ve que el viejo se mueve y apunta dificultosamente un arma. Este gira a su esposa y se interpone entre ella y el arma. Recibe el disparo. El soldado mira al techo y luego a su esposa. Hay muchas cosas que quiere decirle pero solo atina a decir: Te amo y muere en los brazos de su esposa.
 
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