Esa era yo

Esa era yo:
Por qué viras la cara si lo que tienes en frente más que disgusto te causa intriga, incertidumbre, ganas de encontrar un motivo, una razón. No tienes idea de cómo fue que llegaste hasta este insólito lugar en el cual los árboles danzan al compás de la brisa, las hojas casi secas caen una a una sobre un manto verde escarlata. El ruido de un grillo se entrelaza con el silencio y la penumbra del aire turbio, para darte una muestra gratis de una excelente melodía. La luna pálida y delgada, hace lo posible porllegar a duras penas, hasta la cima del cielo opaco. Está oscuro pero aun no es de noche, divisas a la distancia como el rey rubio se esconde a prisa entre las altas colinas; tal vez huye, no quiere hablar con su amante lunática, llena de cráteres en su alma.
¿Cómo llegaste hasta aquí? Es ahora lo único que te preocupa. La intriga hace que ni te des cuenta del daño que sufren tus pies, al rozar desnudos contra las duras rocas mojadas por las gruesas gotas que empiezan a caer. Avanzas con cautela como quien no quiere tropezar con nada extraño sin embargo chocas con más de un arbusto y la rigidez de sus espinas hacen que utilices tus brazos como escudos y las apartes de la proximidad de tus ojos. Pequeñas gotas de sangre salen de las heridas recién hechas y se escuren por todo tu brazo hasta llegar a tu abdomen. Solo así te percatas de tu cuerpo desnudo y te alarmas pues, pese a la humedad de la noche clara, no sientes frío, no sientes nada. Caminas, pero no como una persona perdida, simplemente esta desorientada y tus ojos muestran la mirada inquietante de alguien que acaba de ver algo que necesitaba con ansias.
Está de espalada, sale y entra despacio de las profundidades de ese claro manantial. Tu cara se torna contrariada, con ganas de apartar la mirada pero, ahí está.Su esbeltez impura hace que sus risos corran libres como las aguas de una cascada de sangre, a lo largo de su espalda hasta el punto exacto donde la misma cambia de nombre. Solo eso distingues e inmediatamente crees saber quién es. Intentas darte la vuelta y correr pero es demasiado tarde. Camina errante, sin ganas, en dirección a ti pero como si nunca quisiera llegar a ninguna parte. A esas alturas ya tu cuerpo está estático, taciturno e incapaz de accionar. No haces más que virar la cara, como si esto pudiera evitar lo inevitable. Está parada frente a ti, con sigilo aparta el mechón rojo que tapa parte de las pecas de su rostro virginal para luego limpiar las lágrimas que salen sin pedir permiso. Cierras los ojos, aprietas las manos fuertemente cerradas, sientes como algo caliente sale de tu interior y se esparce entre tus piernas como un hilo fino, pero ya no importa, no importa nada más que su presencia. Avanza, da un paso y te traspasa como si fueras transparente, te das cuenta de que aunque estabas en el plano de su vista, no eras el objetivo de su fría mirada.
Continuas observando con intriga como se aleja en dirección a una casa de paja, a las afueras la esperan muchas personas, vestidas con ropas viejas, haraposas, raras; tu mente se turba al ver a un hombre con capucha que la agarra de las manos. Así está, desnuda, frente a una multitud que la observa con desdén. Sus manos ahora están atadas y el hombre encapuchado toma una jaba de lino fino y lo pone en su cabeza. Encienden la antorcha. Son ahora tus ojos los que lloran al compás de tu respiración entrecortada. Viras la cara con la intención de no observar dicho espectáculo y…!plaff!... aquí estoy yo.
Veo como tu cuerpo se tensa, caes al suelo de la impresión. Abres como nunca tus ojos y me miran con miedo, terror.
—¿Cómo es posible?— logras articular entre dientes a la vez que intentas en vano, alejarte, arrastrando con las manos hacia atrás pero con la mirada fija en mi rostro exótico e imperecedero.
Estiro mi mano para ayudar a levantarte, te niegas. Estas en estado de shock pues además de mi inesperada visita aun escuchas los gritos de desesperación y agonía que salen de un ser que arde en llamas. Para calmarte me agacho y tomo tu cara agitada entre mis manos, tu corazón late cada vez más a prisa, creo que vas a colapsar. Con cautela me aproximo a tu oído y te digo.
<<Tranquila, esa era lo que hoy no soy: una cobarde >>
Beso tu mejilla oscura y despierta en tu cama con la respiración agitada. No recuerdas nada pero las heridas en tus pies y tus brazos hacen que pienses que estás loca de verdad. La sabana está muy mojada y en tu mente solo queda el sonido de los gritos de esa chica. Temes cerrar los ojos por temor a regresar a ese lugar.
<< Se fuerte mi niña, esto acaba de empezar>>
 

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