El cuadro azteca

Erlendil

Novato
Francisco López López era un hombre de edad madura. Tenía una familia compuesta por una bella esposa y tres hijos. Luego de una vida de trabajo, Francisco se enfrentó a una crisis que, todos nos enfrentamos alguna vez ¿hacia dónde vamos? ¿Qué puedo hacer para mejorar mi vida y mi economía? Estas preguntas se hacía Francisco y con esfuerzo invirtió sus ahorros en dos taxis, mientras él trabajaba en la fábrica de calzado, los taxis trabajaban para él. Con el tiempo pudo reformar la casa, mejorar su economía y darles un mejor futuro a sus hijos e invertir en otros negocios. Francisco empezó a leer mucho desarrollo personal y mucho sobre inversiones, entonces se sentía con suerte.
Haciendo un poco de limpieza, sacó algunos trastos y los llevó al bote de la basura en la esquina de su casa y se encontró con un objeto cubierto con una funda de terciopelo negro, la curiosidad le ganó y descubrió un cuadro, el cuadro de un indio azteca, quizá era un cacique. Estaba en buenas condiciones, un marco dorado, muy bonito. No entendía porque alguien dejaría ese objeto allí, así que quiso rescatarlo y lo llevó a su casa y lo colgó en la pared. Su familia consideró al cuadro una belleza.
En los días siguientes sucedieron extraños acontecimientos, pero nada tenían que ver con la llegada del cuadro, o al menos eso parecía. Uno de los taxis sufrió un desperfecto, perdió el control y chocó, su conductor quedó en coma. Esa misma semana, el otro taxi explotó el tanque de GNC pero su chofer no estaba en el auto, sin embargo Francisco, tuvo que enfrentar demandas legales. Perdió gran parte de su dinero y sus relaciones familiares decayeron demasiado.
Una tarde por el rabillo del ojo sintió que el cuadro lo observaba, miró bruscamente y todo era normal. Esa sensación fue en aumento cuando se levantaba para ir al baño o simplemente cuando hacía sus cosas, sentía que el cuadro lo observaba.
Tantos problemas económicos y familiares, llevó a Francisco a un estado de depresión, no se alimentaba bien, sufría de estrés y mucha ansiedad, tuvo un infarto. En su recuperación le contó a su familia que el cuadro estaba maldito, que era responsable por lo sucedido, no le creyeron y el cuadro siguió en su lugar por mucho tiempo.
En ese tiempo, sus hijos se erradicaron en el extranjero, su esposa lo abandonó, y quedó destruido con el cuadro azteca observándolo. En un ataque de ira tomó el cuadro, lo llevó al descampado que hay detrás de su casa y lo mojó con gasolina, intentó encenderlo y no pudo, intentó y volvió a intentar sin éxito. Rezó una oración y, acto seguido, echó todo el combustible y logró encender el cuadro, pero muy poquito y dejó que se queme por tres horas, pero la pintura seguía igual, con apenas signos de quemadura. Lo que logró quemar fue la funda de terciopelo negra.
Se deshizo del cuadro, pero su vida nunca volvió a ser la misma. La desgracia del cuadro azteca maldito que lo dejó con problemas de salud, solo en su enorme casa y triste.
 
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